TEMPO


Éste trabajo se estructura sobre la reflexión de la fotografía en relación al tiempo como duración, teniendo como tema y objeto fotográfico la música y su interpretación.  Las fotografías obtenidas en este proyecto niegan simbólica y dialécticamente la instantaneidad que las hace posible, conteniendo, literalmente, tiempo.

LOS MÚSICOS

Gloria Rivera – Acordeón
Antonio Calderón – Trompeta
Paulo Rojas – Violín
Nelson Ortiz – Saxo
Germán González – Guitarra
Rodrigo González – Armónica
Sebastián Concha – Batería

TEMPO, duración de un sonido

La instantaneidad fotográfica es algo común hoy en día. Después de un largo proceso, que se inicia tras las largas ocho horas de exposición de la primera fotografía de Niepce en 1826, pasando por las experimentaciones de Edward Muybridge o Ettiene–Jules Marey, se asiste al gran triunfo del hombre por medio de la máquina: eliminar el componente temporal permitiendo observar una realidad que antes se escapaba en el lapso de un parpadeo. Fue este carácter de instantaneidad de la fotografía lo que, en mayor medida, dio paso a la fotografía aficionada a la vez que permitió y aceleró su crecimiento, al permitir  que aquellas viejas imágenes, en donde el tiempo parecía estar contenido, pasaran al olvido. Su cualidad mimética alcanzó su apogeo en instantáneas que prescindían de los largos tiempos de exposición que otrora habían condenado a los sujetos a someterse a aparatos de seudo tortura con el fin de eliminar el borroso rastro del tiempo. Millones de seres humanos se lanzaron a la tarea de fotografiarlo todo de forma fácil y rápida, mitigando el voraz anhelo de trascendencia, de querer fijar para el futuro el pasado. Se establecía así la esencia de la fotografía: formar parte de la vida cotidiana, “tan incorporada a la vida social que, a fuerza de verla, nadie lo advierte.”

En la actualidad, el formato digital ha terminado por reunir muchas instantaneidades en una sola instantaneidad, lo cual, en cierta forma, ha desbaratado el medio fotográfico como proceso, pues  lo digital reúne en un sólo instante los extremos de la toma y del proceso. La revolución digital es un proceso que despertó en los años ochenta, pero ha sido sólo en los primeros años del nuevo siglo cuando realmente ha inundado todos los ámbitos de nuestra vida. Junto a este fenómeno, la fotografía se ha convertido en una especie de “tic” contemporáneo en donde la ausencia de reflexión en la acción de fotografiar ha generado una superproducción y sobredosis de imágenes.

El presente trabajo se estructuró sobre la reflexión de la fotografía en relación al tiempo como duración, teniendo como tema y objeto fotográfico la música y su interpretación.  Las fotografías obtenidas en este proyecto niegan simbólica y dialécticamente la instantaneidad que las hace posible, conteniendo, literalmente, tiempo. La elección de la temática musical, responde a un intento por acercarse simbólicamente a las concepciones desarrolladas en el pensamiento bergsoniano, el cual intenta dar cuenta de la experiencia, en este caso de la música. La música es un arte temporal por excelencia, incluso podríamos  ir más allá y decir que la música no se desarrolla en el tiempo, si no que crea el tiempo, lo contiene, lo hace audible.

En el movimiento de la música podemos percibir un comienzo, un recorrido y un final, y sintetizamos los conceptos antes, durante y después, en la noción de duración. La duración experimentada de un movimiento no es una magnitud exacta, pues el tiempo del movimiento es flexible, dependiendo del carácter, del cambio y de las cualidades de los eventos sonoros. De esta misma forma las imágenes obtenidas en este proyecto no responden a una ecuación o medida lumínica exacta sino que son el producto de la experimentación en el proceso de la toma fotográfica, el cual es guiado por el efecto que produce la música, vale decir, no es la luminosidad de la escena la que determina el tiempo de la captura sino que es la temporalidad misma de la música, de su ejecución, de su percepción. Así, las imágenes obtenidas en este proceso se configuran como una representación subjetiva del  tiempo psicológico producido por la emocionalidad que genera la música. El resultado es la plasmación de una serie de imágenes que, sin llegar a la abstracción, operan simbólicamente como una sinfonía visual.

Se puede establecer como el referente más directo de este proyecto el trabajo de los hermanos Bragaglia, cuyas experiencias fueron un intento de superar la convencional objetividad de la fotografía al plantearla como un lenguaje de creación, que se alcanzaba destruyendo su sentido objetivo, reproductor, especular. La fotografía es reproducción, dicen,  la fotodinámica es expresión, vibración.

El modus operandi fue solicitarle a distintos músicos que frente a la cámara improvisaran con su instrumento. De acuerdo a cada ejecución musical, a sus pausas, sus silencios, se iban determinando libremente los tiempos de obturación como una forma de acceder simbólicamente a ese tiempo verdadero del que hablaba Bergson, ese tiempo que es el puro fluir de nuestra interioridad, desprovisto de toda medida, pues es la duración un proceso por el que se va penetrando y fusionando una sucesión de hechos psicológicos.

Este proyecto responde al utópico intento de ilustrar simbólicamente el sonido en su dimensión temporal, a través de la vibración de sus formas, de la explosión del color. Evidentemente es una representación subjetiva que busca explorar la síntesis entre imagen y sonido, fundiendo la experiencia sensorial con los sistemas de representación objetivos que nos otorga la fotografía, posibilitando de esta forma, la plasmación de una interpretación del sonido en un instante particular del tiempo, para luego, en otro tiempo, ser observada en el silencio.

En tiempos donde lo instantáneo es lo dominante, este trabajo  se origina también como un acto  de resistencia frente al automatismo actual que provoca la acelerada sobreproducción de imágenes, el disparar incansablemente, lo cual no da espacio a la reflexión al mismo tiempo que aniquila el acto fotográfico como proceso y como ritual. Indudablemente ha existido un predominio de la mirada fotográfica de corta duración, en desmedro de esa mirada atemporal que solo puede entregar la fotografía, pues no existe otro medio como el fotográfico que permita una imagen estática, resultante de un hecho temporalmente largo.

La representación del tiempo como línea de trabajo es un proyecto estructurado a largo plazo. La música como medida del tiempo se constituye como un primer acercamiento a esta materia.


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